lunes, 19 de marzo de 2018

Un comienzo poco ortodoxo.

A medida que iban pasando los días, la incursión en conocerte se fue dando más interesante, puesto que tú eras y eres (y muy probablemente siempre serás), una mujer muy interesante y atractiva desde el ámbito global del concepto. Fui conociendo aspectos más complejos de ti, algunos muy íntimos, que si bien fueron inesperados, pero sí muy agradecido por la confianza que ibas entregando.

Con el paso de las semanas me fui dando cuenta que me gustabas. Con temores, y muchas dudas, puesto que había terminado hace poco, y si bien no tenía sentimientos afectivos de ninguna índole hacia mi otrora pareja, sentía mucho rencor y resentimiento por la manera en que se habían dado las cosas. Más dudas me generaba el convivir en mi ambiente laboral con mi ex. El cahuineo y los pelambres siempre han sido alimento de personas inescrupulosas, y desde el primer minuto me propuse hacer las cosas bien contigo, porque sabía, dada la enorme confianza que me brindaste, que el iniciar algo implicaba una responsabilidad titánica.

Cuando te besé por primera vez, decidí tomar el momento como una prueba de tu valor, de tus ganas y tus deseos de dar un paso enorme hacia algo impensado que fue surgiendo con el transcurso de las semanas venideras. Me sentí contento, porque muchas veces lo que más cuesta es dar el primer paso, y tú lo hiciste. Fue bonito porque noté tu valentía pese a los nervios y las dudas. Hasta el día de hoy agradezco y valoro ese tremendo gesto, porque fue la primera piedra a través de la cual dimos inicio a nuestra historia de amor, y eso fue un 10 de abril, del año 2015, es decir, hace casi 3 años.

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