Hace más de 2 años un
desconocido me agrego a Facebook, algo cotidiano para mí, algo que siempre ocurría
considerándome una asidua a conocer gente mediante las redes sociales. No era
la primera vez que hablaba con otro a través de la pantalla, que ponía a prueba
en base a sus intenciones, o simplemente que tras largo tiempo concertábamos
una cita. Muchas veces me ilusioné, muchas pensé en encontrarme con esa alma gemela
de cuentos, esa que nunca llegó, y que impensadamente esta vez sí se iría
concretando.
Nos juntamos, lo esperé,
por largos 45 minutos, tiempo suficiente para haber abortado misión, empero la
terquedad y curiosidad que me caracterizan me hicieron esperar. Debo decir que
al comienzo no tenía mayores expectativas, ese desconocido era interesante,
culto, un conversador sin remedio, aun cuando físicamente era algo distinto a
lo esperado, incluso a su foto de perfil, pero bueno, nunca me he vinculado amorosamente
con modelos, siempre el aspecto pasaba a segundo plano, y esta no seria la excepción.
Era llamativa la charla,
los intereses, su visión del mundo y como todo eso era equivalente a mis ideales,
con el paso del tiempo aquello y su hermosa personalidad pondrían en jaque todo
lo que hubiera esperado.

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